por Martín Jaime
En los últimos días, era común ver largas colas en los negocios, de personas que buscaban el juguete o artículo ideal para regalar a hijos, sobrinos, nietos, etc. Quizás movilizados por el avasallamiento de los medios, que bombardeaban constantemente la cabeza –y los ojos- de los más vulnerables a la sociedad del consumo: chicos y jóvenes, con los nuevos juguetes del mercado y las tecnologías más sofisticadas para niños, como computadoras portátiles, celulares, cámaras filmadoras o fotográficas, video juegos, entre otros.
Por otro lado, en estos negocios (jugueterías, casas de electrodomésticos) aumentaban las ganancias considerablemente, proveyendo de artículos de marca y de “televisión” a miles de interesados. Por ende, estos negocios, se transforman en un verdadero monumento al consumo, de una sociedad posmoderna en la que “soy lo que tengo”. Terrible realidad que golpea fuertemente a los sectores con menos poder adquisitivo, los más humildes y carenciados, es decir, los más desposeídos.
A estos chicos, hijos de la miseria y la pobreza, desposeídos de todo lo material, pero señores y propietarios de la humillación social; esos niños, porque también son niños y, por consiguiente, se merecen un “Feliz Día del Niño”, también les llegan las balas publicitarias de productos asombrosos y, obviamente, ¿a quién no le gustaría tener eso? ¿Jugar con eso o aquello? Pero la cuestión es: ¿cómo lo obtengo, si mi situación de pobre no me lo permite? Sin embargo, la ola publicitaria sigue golpeando esas costas de pobreza y marginidad, sin distinguir raza, religión ni mucho menos, clases sociales. El negocio y las fabulosas ganancias lo es todo.
En la actualidad, nuestros ojos se han acostumbrado a ver, incluso en el famoso “Día del Niño”, a pibes laburando en la calle: vendiendo estampitas, diarios, broches, lapiceras, trapos de piso, etc., pero también trabajando bajo patrón en negocios y fábricas, en el campo y en la ciudad, en cualquier lugar donde se pueda obtener una mano de obra barata, obviamente, sin la posibilidad del trabajo en blanco, cobrando algo más que una miseria. También existen aquellos que, con arma en mano, salen a la calle a delinquir, siendo victimas de un terrible abandono, de una desprotección abrumadora, y victimas también, de la condición social que han mamado y aprehendido; situaciones en la cual valoran menos su vida que la de una mosca. Y ni hablar de la educación, muy lejos pasa ésta. Sin embargo, estas personitas, estos niños, que no han venido al mundo “con el pan bajo el brazo”, sino con hambre y angustias, necesitan un mundo más justo y acogedor.
Que tal si a aquellos niños faltos de alimentos, contención, amor, salud, amparo, educación, cariño, vivienda, respeto, les hacemos un modesto regalo. Hablo de aquellos niños que no poseen documentos, que no tienen un hogar ni un adulto responsable que se encargue de ellos, que sufren la explotación infantil, la prostitución infantil, que se refugian en la droga o el alcohol, que no asisten a la escuela, que visten harapos, que tanta miseria e injusticia corre por sus pequeñas venas. A ellos, sería justo y necesario regalarles, en vez de esos productos que son tan caros y que tanto le gusta publicitar a la televisión, en vez de eso, regalarles todos sus derechos. Llevarles una especie de cajita envuelta en papel de regalo con muchos colores, mirarlos a los ojos y decirles a cada uno: “Toma, niño, estos son tus derechos, los que por largo tiempo te han sido quitados. Aquí están. Con mucho esfuerzo lo supimos conseguir. Imprégnate en ellos y crece como hombre fuerte y saludable, para un futuro mejor y más justo”. Quizás ese día, sea verdaderamente un “feliz” día para los chicos, para todos los chicos. Entonces, no será un día, sino todo el año, el famoso y por ahora cruel “Día del Niño”.
Los niños
Día tras día, se niega a los niños
el derecho a ser niños.
Los hechos, que se burlan de ese derecho,
imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana.
El mundo trata a los niños ricos
como si fueran dinero,
para que se acostumbren a actuar
como el dinero actúa.
El mundo trata a los niños pobres
como si fueran basura.
Y a los del medio,
a los niños que no son ricos ni pobres,
los tiene atados a la pata del televisor,
para que desde muy temprano acepten,
como destino la vida prisionera.
Mucha magia y mucha suerte tienen
los niños que consiguen ser niños.
Eduardo Galeano









escribi dos veces lo mismo y se me cerro...
ResponderEliminarchicos!! me encanto lo que hacen!!
me encanta que mi manera de ver chivilcoy.. un poco chato, le vuelvan sus colores por gente como ustedes!
les deseo mucho exito!!